Cierta vez, un Leñador cortaba leña cerca de la orilla de un río, hasta que de pronto, de la fuerza, se cayó su hacha hacia el rio. Sin poder nadar y que hacer, se sentó a llorar de impotencia a la orilla. Compadecido Hermes por su tristeza, pregunto al leñador su problema, y este, le aclaro sobre su hacha perdida. El dios bondadoso Hermes, se arrojó al río y regresa con un hacha de Oro, luego, le pregunta al Leñador si esa era su Hacha que había perdido. El Leñador le contesta que no, y Hermes, regresa a sumergirse, pero esta vez, regresó con una Hacha de Plata. Hermes, nuevamente pregunta al Leñador si esa otra era suya, pero el Leñador le vuelve a decir que no. Hermes se sumergió nuevamente y regresa con una Hacha de madera vieja y muy gastada. El Leñador muy alegre, dijo que esa si le pertenecía. Hermes, conmovido por su honradez, decidió regalarle las dos valiosas hachas a tan noble persona.
Tras tener su hacha nuevamente, y concluir su trabajo, el Leñador de regreso a casa, se encontró con uno de sus compañeros a quien contó lo sucedido. Este otro leñador, seducido por tales Hachas preciosas, decidió probar la misma suerte, y se dirigió a la misma orilla del río donde el leñador le indicó. Una vez ahí, sin pensarlo dos veces, lanzó su hacha en la corriente, y se sentó a "llorar".
Hermes, curioso por tal llanto se apareció ante este otro Leñador, y tras preguntarle lo sucedido, se lanza al rio en búsqueda del Hacha de este otro leñador. Luego de unos minutos, sale Hermes con una Hacha de Oro muy preciosa, y pregunta a este Leñador: "¿Es tuya esta hacha?", a lo que el leñador bribón muy contento responde: "¡¡Si!!, ¡¡esa es mi hacha!!". Pero Hermes, deshornado por tal mentira, le dice: "¡NO es verdad, es mía!", y desaparece en el acto. Y así, el avaro leñador se quedo sin hacha de oro, y sin la suya.
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Fábula: Hermes y el Leñador |
Moraleja
La divinidad no sólo ayuda a quien es honrado, sino que también castiga a los deshonestos.